martes, 30 de junio de 2015
lunes, 29 de junio de 2015
Creer, ¿cuál es el límite?
En el primer devocional de la semana, con esta pequeña
reflexión, quizás podamos replantearnos dónde estamos parados en la fe y en qué
manera “creemos” en Jesús, hasta dónde llega nuestra fe.
Una vieja anécdota cuenta que un joven acróbata tendió una
cuerda sobre el vacío y antes de subirse en ella miró a los curiosos que
observaban atónitos: “¿Creen ustedes que puedo caminar sobre la cuerda sin
caerme?” y todos gritaron: ¡Siii!. El acróbata anduvo por la cuerda a una
altura que daba vértigo de solo verlo y fue muy aplaudido y ovacionado por
todos. Luego tomó una carretilla y gritó: “¿Creen que también puedo cruzar con
esto?” Con un asentimiento general todos gritaron: “¡Sí, lo creemos!” Cerca de
él se hallaba una señora que aplaudía con entusiasmo. El equilibrista se volvió
hacia ella y le dijo: “Entonces, sea tan amable y súbase a la carretilla”. La
señora se quedó pálida y se negó a hacerlo.
No me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.
Romanos 1:16
Romanos 1:16
Creer… y no subirse, éste es el problema de muchos. ¿De qué
sirve la fe si uno no acude a Jesucristo y le confía su vida? Todos los que han
dado ese paso de fe pueden testificar que Él da la paz interior, una paz que
desconocíamos hasta entonces. Pedro lo vivió cuando el Señor lo invitó a bajarse de la barca y caminar sobre el agua hacia él. Pedro a pesar de sus miedos se animó a bajarse, a pesar de que luego al ver las grandes olas y el viento comenzara a undirse. Lo importante es que tuvo fe en Cristo y salió de su forma de confort y no se quedó en solo palabrería. En la práctica, ¿cómo se da este paso de fe?
Orando al Señor Jesús y entregándole toda nuestra vida. Cree que él murió por
vos personalmente en la cruz y agradécele que haya hecho todo lo necesario para
tu salvación ante Dios. “Es, pues, la fe… la convicción de lo que no se ve”.
“Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a
Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:1
y 6). Así que cuando alguien confía en Cristo, su fe no es una mera esperanza
incierta y arriesgada, sino una certidumbre gozosa.
Dios te bendiga y tengas una buena semana.
jueves, 25 de junio de 2015
FE en ACCION
José Canepa miró la fecha en el calendario: 5 de diciembre, día de su cumpleaños. Pero no toda ocasión de cumpleaños trae felicidad.
Canepa sonrió y se encaminó al baño. Quiso encender un cigarrillo, pero
había una fuga de gas en el baño, y hubo una explosión que lo dejó con
quemaduras graves.
Llamó una ambulancia, pero en el camino al hospital la ambulancia
chocó con otro vehículo. José sufrió la fractura de una pierna, así que
lo subieron a otra ambulancia. Al llegar al hospital, se resbaló de la
camilla y se dislocó un tobillo. Estas fueron las aventuras de José
Canepa en su día especial.
El médico que tuvo que curarle las quemaduras, enyesarle la pierna y vendarle el tobillo le dijo: «De todos modos, don José, ¡feliz cumpleaños!»
Hay fechas en el año que obligan a hacer un saludo tradicional. Por eso decimos: «¡Feliz cumpleaños!», o «¡Feliz Navidad!» o «¡Feliz Año Nuevo!» Aunque ese día nos vaya tan mal como cualquier otro, de todos modos damos el saludo porque es lo correcto.
Sin embargo, lo cierto es que los días de nuestra vida están llenos
de sorpresas, y éstas no discriminan entre días especiales y días
ordinarios. El día menos pensado puede sonar la alarma y Cristo llegara en su Gloria a buscar a su iglecia ya que nadie sabe, ni el dia ni la hora en que el vendra (Mt. 24:36). Al levantarse en la mañana, no sabemos de
qué modo llegaremos al descanso por la noche. El día puede depararnos bienestar
o calamidad.
¿Qué nos dice todo esto? Que debemos vivir con fe, vivamos poniendo en accion nuestra fe.
Que como la vida es tan incierta, tan insegura, debemos tener cada
momento de cada día nuestra fe y confianza puesta en el que lo tiene
todo bajo control (1Pe 5:2). Esa persona es Jesucristo: Señor, Salvador, Maestro y
Amigo.
No obstante, debemos reconocer que el poner nuestra vida en las manos
de Cristo no nos pone necesariamente al cubierto de problemas. Pero sí
nos libra de la desesperación (Sal.46:1-2). Nuestro problema no es la desventura; es
la desesperación. Es, en otras palabras, la manera como reaccionamos.
Cuando Cristo es nuestro Señor y
Dueño, podemos confiar en que Él, a la larga, todo lo hace bien. No
siempre comprenderemos el porqué de la desventura, pero podemos,
siempre, tener fe en el amor y en la sabiduría de Dios. Más vale que
recordemos que ninguno de nosotros tiene previo conocimiento. El único
que conoce el futuro es Dios, que todo lo sabe y tiene nuestra vida en
sus manos. Cristo es el Señor de toda circunstancia. Pongamos nuestra
confianza en Él.
Dios les bendiga! Que tengas un hermoso fin de semana en El Señor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


