martes, 20 de septiembre de 2016

Marcando la Diferencia


"Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza" 1 Tim. 4:12

Como hijos de Dios, tenemos que ser ejemplo y marcar una diferencia dentro de la sociedad, ya sea en la escuela, facultad o nuestro trabajo. Recordemos que la mejor manera de hablar de Jesús es dando el ejemplo con nuestro propia vida.

Para lograrlo debemos cambiar nuestra manera de pensar y hacerlo como Cristo.
Nuestra manera de pensar determina nuestras acciones, por esto debemos tener mucho cuidado con lo que pensamos y con qué cosas estamos alimentando nuestra mente.

Pensar como Cristo es aprender a vivir según los principios de su palabra, La Biblia.

"No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta" Rom. 12:2

¿Cómo es la mente de Cristo?
  • Humilde: Jesús, a pesar de ser el Hijo de Dios, dejo todas sus riquezas celestiales para hacerse hombre y venir a la tierra a morir por nosotros. Su manera de vivir aquí, y su testimonio es nuestro más claro ejemplo de humildad.
  • Pura: Él nunca fue tentado por el pecado. Tener una mente pura es la clave para poder derrotar el pecado y hacer las cosas correctamente.
  • Recta: Jesús nunca cayó en la tentación de vengarse de su acusadores, por el contrario, Él oraba por ellos. Nosotros debemos tratar a los demás como queremos que nos traten, porque lo que sembramos eso cosechamos. Tenemos un Dios que es justo y debemos seguir su ejemplo.
  • Una mente de Oración: La oración es la clave para tener una relación intima y sincera con Dios. Debemos aprender a tener una vida de oración para fortalecer nuestra mente. 

Cuando pensamos como Cristo podemos reconocer la verdad, escoger lo correcto, hacer la voluntad de Dios. 

La única manera de ser ejemplo es fijando la mirada en Cristo. ¡BENDICIONES!

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